Cada año la magia de la Navidad invade la Plaza San Pedro con la preparación del nacimiento y del árbol, una tradición que comenzó en 1982 por deseo de Juan Pablo II. Una magia realizada por un equipo de técnicos y trabajadores.Hay muchas personas que trabajan a los alrededores, en todas las especializaciones. Comenzamos con el armazón que es el esqueleto del nacimiento que requiere trabajadores especializados en el sector: los “puentistas” o los “colocadores” como se dice en Roma. Para luego pasar a la construcción, apoyándose en la estructura, con los albañiles del Vaticano que en este caso de albañilería ven poco porque, de hecho, es muy poliestireno. Y luego se pasa a los pintores que transforman el blanco del poliestireno en piedras, en las cavernas; los electricistas que dan destellos de luz necesarios para la representación y luego los jardineros que, al último momento, hacen el milagro que nacerá en poco tiempo en la Plaza San Pedro, palmas y flores.La novedad del nacimiento en la plaza, símbolo de la catolicidad, se casa con la tradición romana: los personajes, de hecho, son ideados en 1842 por San Vincenzo Pallotti para el pesebre de San Andrea della Valle. Grandes muñecos de madera y cartón de piedra de tres metros de altura, que son vestidos por las hermanas del Laboratorio y restauran tapices y tejidos del Vaticano.Los vestidos se crean día a día, el tiempo depende de la situación y del contexto. Lo preparo un día pero después de un cierto tiempo encuentro algo más que pueda ser más adapto y así en el nacimiento se trabaja casi todo el año.El nacimiento es una expresión de arte y de fe y mientras ayuda a reflexionar, une.Pienso que de cierto modo une a la gente. No puedo decir que une a la humanidad porque son palabras mayores, pero una gota en el océano.
Cada año la magia de la Navidad invade la Plaza San Pedro con la preparación del nacimiento y del árbol, una tradición que comenzó en 1982 por deseo de Juan Pablo II. Una magia realizada por un...
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